Vida caducada, un día caduco entre tantos.
Se despertó de madrugada con una angustia que le redundaba en la cabeza y en el estómago. Abrió los ojos de repente, asustado y con la sensación de querer salir huyendo sin saber de que huir. Miró el reloj que apuntaba las 5:50 de la mañana, iluminó la habitación con el teléfono y miró todo alrededor.
El techo parecía que se le iba a caer encima, el techo carecía de color alguno y cada vez que lo miraba le daba ganas de llorar y arrojarse por la ventana para no sufrir más aquella vista mañanera obligada.
Se levantó rápido de la cama, el estómago no paraba de rugirle como un león. Tenía un hambre trasnochada de tres días y doce horas. Recordó que aún le quedaba algo en la nevera y se dirigió a ella con entusiasmo. Mientras se dirigía hacía la nevera, se imaginó todo un manjar, pero según iba avanzando recorría la casa con la mirada y observó una silla rota en la esquina del salón que parecía que llevara allí todo un siglo. La silla tenía hasta telarañas y emergía vida propia. Al mirarla se asustó mucho y aligeró el paso hacía la cocina.
Llegó a la cocina al fin y se fijo en un vaso que reposaba en la mesa, estaba lleno de moho y oxidado, se acercó para ver lo que tenia dentro y vio que había leche en el vaso, le pareció raro que hubiese dejado esa leche ahí tanto tiempo. No le hizo mucho caso y avanzó hacia la puerta de la nevera y la abrió, en ese instante sintió orgullo y satisfacción de saber que podía saciar su hambre.
Abrió el brick de leche y se lo llevó a la boca con gran ansiedad, reaccionó al minuto de injerir un pequeño sorbo y escupió en el suelo. La leche estaba caducada desde hacía un mes. Se dirigió corriendo al baño y vomitó. Seguidamente se dejó caer al suelo y empezó a llorar con gran desconsuelo y rabia.
Desesperado se levantó del suelo y fue a la cocina nuevamente a buscar un cuchillo para suicidarse, pero recordó que hacia un mes los había vendido todo para poder comer, decidió ir a la ventana que da a la calle y arrojarse por ella pero no tuvo valor. Se quedó contemplando la calle y rompió a llorar otra vez.
Pensó en lo miserable que era su vida y la vio pasar por un instante y se dio cuenta que todo en ella caducaba muy deprisa, todo se le acababa.
Después de pensar en eso, regresó por tercera vez a la cocina y arrojó la leche caducada por la pila y el envase vacío a la basura. Y dijo: - estoy harto de tantas caducidades, ya no más. Es hora de empezar, sin estar caduco, otra vida nueva.
Se quedó observando la nevera y sonrió. Y dijo en voz alta: "mañana será otro día".
