sobredosis
Me esnife la tristeza en un suspiro.
Ahora me quedan las secuelas, convertidas en melaconlía.
Supongo que me pase de dosis y ahora no puedo desengancharme de su halo exótico.
Aturdida ando en su neblina.
Me confundo en su mirada y no puedo evitar su llamada.
Me tragué la tristeza en un suspiro.
Entró por el esófago como un fuego ardiente, llegando así al estómago, provocando una acidez amarga.
Se introdujo por mis pupilas en forma de una mera mota de polvo.
Llegando seguidamente a los lagrimales.
Y tengo los ojos infectados de cada partícula de ella, y los ojos hinchados de tanto llorar.
De tanto esnifarla y tragarla, tengo el cuerpo entristecido de tristeza.
