Fúnebre
Andaba solitaria por el camino, partida en trozos, casi migajas. Moribunda y soñadora, herida, desgastada, consternada y sin rumbo fijo.
Deseaba encontrar la luz, adentrarse en ella y purificarse. Pero sus deseos se quedaban baldados siempre por la oscuridad que le rodeaba.
Aún así, siempre guardaba las ilusiones de ver la luz algún día.
Arañando continuamente las tristezas, las noches, los días, los silencios...
Una extraña de todo y de ella misma.
Aguardando las esperanzas para no dejarse morir en el abismo del desespero y la angustia. Con la melomanía por compañía.
Pero caducando cada día por dentro, como si menguara, como mengua la luna. Una parte de ella ya se siente muerta...
Entre asperezas y las delicadezas de la vida y su vivir continuo.
Así va caminando.
Entre hojas en blanco que se convierten en marismas emocionales, impávidas ante las palabras derramadas en un mero papel en blanco.
