El silencio del dolor
A menudo con demasiada frecuencia andamos ciegos por el camino, por la vida, y no miramos a los ojos de nadie. Nos ocultamos en nuestra propia coraza ignorando todo, incluyendo a las demás personas que nos rodean.
Pero de lo que no nos damos cuenta realmente, es que reflejamos todo lo que somos y todo lo que nos pasa, con solo una simple mirada.
Por LILIANA RAMÍREZ
INTRODUCCIÓN
El maltrato de género (también entra aquí el hombre), se ha ido convirtiendo en una cotidianidad habitual, desgraciadamente va cada vez más en aumento.
Podemos ver en las noticias o periódicos como cada día sale el pésimo titular: Una mujer ha sido asesinada por su marido ó novio. Pero lo más indignante es que no es algo nuevo, aunque ahora se hable más del tema y salga más a la luz.
Dicen las encuestas que una de cada tres mujeres en el mundo han padecido a lo largo de su vida un acto de violencia de género (ya sea maltrato, violación, abuso, acoso...). Este virus no para de florecer y se da cada vez más en chicas jóvenes de entre 14, 15,16...
¿Qué está pasando en el mundo? La violencia de género no tiene excepciones, no entiende de culturas, razas, etnias, origen social, riqueza, nacionalidad o condición.
Dentro de lo denominado maltrato o violencia de género entra, a mí parecer, el más peligroso: maltrato psicológico. Este no se nota, pero desgasta mucho y dura para siempre.
Hay que buscar el medio de erradicar este mal tan grande.
Pero yo admiro a todas esas mujeres que a pesar de haber pasado miles de penurias y maltratos de todo tipo en su vida, siguen adelante luchando por lo que les queda, que normalmente son sus hijos.
Este escrito es por cada una de ellas, porque ellas son las valientes de verdad y las que todo aguantan por amar tanto a esos desgraciados que no se lo merecen.
EL SILENCIO DEL DOLOR
En sus ojos azules se veía la tristeza y el dolor que escondía.
El llanto se asomaba por las pestañas con cierta timidez, mientras ella hablaba. Su elocuencia era llorosa, débil y desesperada.
Continuaba relatando sus desgracias a aquella chica desconocida que se prestó a escucharla. La chica en cuestión, viendo como sufría aquella mujer, sentía también el dolor.
La mujer de los ojos azules se sentó a la espera de ser atendida por la abogada. Se le veía hundirse en aquella silla. Su mirada era distraída, llena de miedo y ensimismada.
La chica se despidió de la mujer de ojos azules, poniéndole la mano en el hombro y diciéndole: ¡ánimo! - Con cierta tristeza-
La mujer de ojos azules le respondió: gracias.
Y allí se quedó aquella triste mujer de ojos azules, con su dolor y pena, tratando de encontrar a alguien que le guíe. Pérdida y con muy pocas ganas de seguir viviendo.
El sufrimiento le salía por los poros, aunque lo disimulase. Su vida era todo un drama de altibajos y sobresaltos.
Tenía dos niños, una pequeña fruto de la relación actual y un niño de siete años en su país de origen; y un marido que era el motivo de todas sus desgracias y males.
Al marido le gustaba mucho el alcohol y cada vez que llegaba borracho a la casa le golpeaba con tal crudeza que parecía que se le iba la vida en ello. Esa era su forma de descargarse la borrachera.
Ivanova a sus 35 años ya había recibido más golpes que amor. Así era su vida llena de penurias y tristeza, que en ocasiones se le desorbitaba por los ojos. Esos ojos azules que reflejaban tanto.
A los veinte años tenía el sueño de casarse y tener familia. Conoció a un chico apuesto y se hicieron novios, al tiempo quedó embarazada y éste la abandonó. Salió adelante como pudo con el hijo y lo tuvo. A los cinco años se vino para España a buscar una vida mejor para su hijo y para ella. Dejó el hijo con la abuela y vino a España sola, a buscar un sueño incierto, pero que le mantenía feliz.
Una vez en España Ivanova vio un rayo de luz que le duró muy poco, pero supo lo que era felicidad después de tanto. Conoció a su marido, llamado Dimitri. Un hombre de carácter fuerte que la supo embaucar desde el primer momento, hasta que se fueron a vivir juntos y tuvieron una hija.
Pero a Ivanova no le sonreía la suerte o llámese desgracia, en fin... La pobre no acertaba en una y lo que era en principio un sueño, se convirtió en una pesadilla de la cual no sabía como despertar.
Ivanova estaba ya cansada y hastiada de tanto sufrir, la abogada no le ayudo mucho como ella quería. Ella quería una solución para ya y rápido.
Un sábado de madrugada llega Dimitri borracho, como era habitual en él, Ivanova temerosa como siempre y temiendo lo peor sobre lo que le esperaba. Empezó a gritarle, darle bofetadas en la cara e insultándola. Lo siguiente fue agarrarla de los cabellos y empezarle a pegar con mucha furia, y con cada golpe Ivanova se sentía morir.
Después de pegarle. Salió al balcón a fumarse un cigarrillo, mientras se lo fumaba llamó a Ivanova. Esta acudió a su llamada. Lo siguiente que sucedió fue que se escuchó un terrible golpe seco en el suelo y todos los vecinos salieron.
Dimitri se había caído del balcón y la posición en que quedó en el suelo era patética y ridícula. Y allí yació todo.



lavidaesencontrarseypensar dijo
Quería desearle las más altas cotas de felicidad y salud,para los suyos idem de lo mismo, SALUDOS,. . . ¡¡Ahhh, y respecto a la violencia de género, o de cualquier índole, mi más absoluto rechazo e indignación.
26 Diciembre 2010 | 07:37 PM