Enterrado vivo
Miércoles 2 de agosto de 2006
Un día normal y cualquiera, soleado y con un calor asfixiante, acostado en su cama yacía dormido. Dormía de lo más relajado, pensando en su amante muerta. Aquella que en vida tanto despreciaba y humillaba, hoy la extrañaba.
Se quedó mucho tiempo dormido, más de lo que acostumbraba. Cuando fueron a despertarle no respondía. Le llevaron al hospital, le diagnosticaron un paro cardiaco. Desde ese momento ya dejó de sufrir por la pérdida de la mujer que tanto amaba.
Después de que el médico le diagnosticara el paro cardíaco, el llanto se apodero de los presentes. Entre lágrimas y sollozos decidieron enterrarle. Antes le hicieron el típico ritual que le hacen a los muertos: Un velatorio en toda regla, desmayos y lágrimas incluidas.
Pero algo ocurrió en la funeraria, dentro de la caja se escuchaba un ruido inquietante. Como si alguien arañara desde dentro la caja, el muerto quería salir. Nadie oía nada entre el ruido de los presentes. El muerto seguía vivo... estaba arañando y arañando la caja, se dejó las uñas en el intento de que alguien le escuchara y le sacara de ahí. Gritaba y gritaba. Decía una y otra vez: - sáquenme de aquí, estoy vivo, sáquenme, por favor. Estoy vivo...
El terror se apoderó de él, no podía creer lo que le estaba pasando. Las lágrimas y la desesperación se apoderaron de su cuerpo y de sus manos impotentes al no poder abrir la caja. Pensaba: no puedo morir así, no, no. Pasó todo el día y la noche haciendo el esfuerzo para que alguien le oyese, pero nadie acudía a sus llantos y arañazos.
Le vino un momento de lucidez y pensó: - Quizás sea lo mejor, porque ya estaba muerto en vida sin mi amada, ahora podré estar con ella. Pero aún así tenía la esperanza de que le escuchara alguien y le abriera la caja.
Su lucha para que le escucharan fue vana, al otro día le enterraron vivo y nadie lo sabia. Y ahí se quedó, en su caja fúnebre enterrado vivo y muerto de asfixia en ella.
El error del médico fue darle por muerto antes de tiempo. Aún estaba vivo. El paro cardíaco fue temporal, volvió de su sueño profundo a las varias horas.
Al siguiente día, cuando hacían lo últimos preparativos antes de enterrarle, abrieron la caja fúnebre y vieron las uñas marcadas en la tapa, la boca abierta y las manos levantadas. Se dieron cuenta de que aun vivía y la sorpresa y espanto fueron muy violentos, el rostro se les puso blanco de terror. No se lo podían creer.
Así murió aquel pobre hombre. Por la simple confusión de unos incompetentes o por el mero echo de que así tenia que ser.
Por: Liliana Ramírez



lavidaesencontrarseypensar dijo
Lea mi último post,es muy urgente,a ver si entre tod@s lo logramos.
GRACIAS
16 Enero 2010 | 03:38 PM